
Foto: TODO SOBRE TENIS
Mariano Navone atraviesa un momento de metamorfosis. No solo por los resultados, sino por la forma en que los gestiona. Tras derrotar al georgiano Nikoloz Basilashvili, un jugador de jerarquía que supo amargar a figuras como Del Potro y Leo Mayer, el nacido en 9 de Julio se mostró autocrítico y, a la vez, reconfortado por un triunfo que tuvo un «plus» de dificultad.
«Fue un partido medio chivo por lo rápido que juega él y lo incómodo que me hacía sentir. Además, casi no pude entrenar por la lluvia y los viajes», confesó Navone tras el encuentro. El argentino admitió haber estado «perdido» durante el primer set, especialmente en la devolución, donde no lograba descifrar el ritmo del ex Top 20.
El factor Mancini: Simpleza y precisión
La remontada no fue casualidad. Navone destacó la importancia de su nuevo grupo de trabajo, con la incorporación de Alberto «Luli» Mancini, quien junto a su entrenador Dante e Iñaki en la parte física, han logrado reordenar sus prioridades.
«Luli me aportó su simpleza para ver el tenis. Transmite una paz mental característica. Me dio tips muy puntuales en la tirada de la pelota para acomodar el saque y me hizo sentir más confianza en mi juego», explicó el tenista.
Esa claridad táctica fue la que le permitió revertir un escenario adverso en el tie-break, donde tras estar 3-6 abajo, logró salvar tres puntos de set. «A veces pasa que no te hacen los goles en tu arco y los terminás haciendo vos. Venía de una etapa donde me los hacían todos a mí; el tenis te da y te quita», reflexionó con una metáfora futbolera.
La batalla contra el «ranking» y las redes
Más allá de los ajustes técnicos en su derecha o el servicio, el gran salto de Navone parece ser invisible. El jugador reveló que el año pasado fue difícil y que la autopresión por los puntos y el posicionamiento en el escalafón mundial le estaban jugando en contra.
«Hubo un proceso de entender que debía concentrarme solo en qué mejorar tácticamente. Dejé de pensar en si ganaba, si perdía, en el ranking o en lo que se lee en un tweet. La cabeza también hay que entrenarla», afirmó Mariano, quien trabaja hace años con su psicóloga para disociar el rendimiento de la presión externa.
Hoy, Navone no solo gana en cemento —superficie que empieza a sentarle cómoda— sino que gana en madurez. Con un equipo consolidado y la mente puesta en el juego más que en la calculadora, el argentino empieza a recoger los frutos de haber «cambiado el chip» a tiempo.
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