El platense rompió su racha de finales perdidas y logró su primer título en el ATP 500 de Brasil

Hay momentos en la carrera de un deportista que marcan un antes y un después, y lo vivido este domingo por Tomás Etcheverry en el Jockey Club Brasileiro es, sin duda, uno de ellos. Tras un camino marcado por la perseverancia y la resiliencia, el platense finalmente logró gritar campeón por primera vez en el circuito grande, y lo hizo a lo grande: en el ATP 500 de Río de Janeiro.
El triunfo no solo representa su primer trofeo en las vitrinas, sino también el fin de una racha adversa que empezaba a pesar en lo mental. Luego de tres finales continentales que se le habían escapado por detalles, Etcheverry desplegó en Río un tenis agresivo y determinante para doblegar la resistencia de sus rivales y anotar su nombre en la lista de campeones argentinos en suelo carioca.
En una final de alto voltaje emocional y físico, Etcheverry se impuso al chileno Alejandro Tabilo por 3-6, 7-6 (3) y 6-4. El encuentro, que superó las tres horas de juego, obligó al argentino a una remontada épica tras ceder el primer parcial y encontrarse break abajo en el segundo. La solidez en el tie-break del segundo set fue el punto de inflexión que le permitió forzar un tercer capítulo, donde un quiebre en el tercer game fue suficiente para sellar la victoria más importante de su carrera.
«Era una situación desesperante»
Tras la victoria, el flamante campeón se mostró visiblemente emocionado y no ocultó el peso que se quitó de encima. Con una honestidad brutal, Etcheverry confesó lo difícil que fue procesar las derrotas previas en instancias decisivas.
«Quería ser campeón de un ATP y sentía que no se me estaba dando, trabajé muy duro para que llegue este momento», expresó «Tomi» con el trofeo en mano. Al ser consultado sobre el peso de las tres finales perdidas anteriormente, fue tajante: «Era una situación desesperante, que me hacía bastante mal. También era ver que otros lo podían conseguir y yo no».
Esa carga emocional, lejos de hundirlo, parece haber sido el combustible necesario para afrontar la definición en Río con una mentalidad renovada. El jugador de 26 años admitió que el punto de inflexión llegó justo antes de la gran final.

El día más feliz
La semana en Río fue una montaña rusa de sensaciones para el argentino, quien reconoció que por momentos la fe flaqueó. «No me lo esperé. Después de las semifinales, pensé que no se me iba a dar. Pero me di cuenta de que, como no tenía nada que perder, quise salir con todo. Es el día más feliz de mi vida», sentenció Etcheverry ante los medios.
Con este título, Etcheverry no solo rompe el maleficio personal, sino que da un salto de calidad en el ranking que lo posiciona de manera inmejorable de cara a la gira de cemento en Estados Unidos. La solidez mostrada en el polvo de ladrillo brasileño confirma que el platense ha madurado y que, finalmente, el trabajo duro dio sus frutos en el escenario más importan