El aire se percibía pesado, denso y muy húmedo, propio del clima de Buenos Aires en verano. En febrero de 2005, la cancha principal del Buenos Aires Lawn Tenis Club estaba atiborrada de gente que se paraba, se sentaba, gritaba y aplaudía. Gastón Gaudio y Rafael Nadal habían jugado tres sets de alta intensidad y […]

El aire se percibía pesado, denso y muy húmedo, propio del clima de Buenos Aires en verano. En febrero de 2005, la cancha principal del Buenos Aires Lawn Tenis Club estaba atiborrada de gente que se paraba, se sentaba, gritaba y aplaudía. Gastón Gaudio y Rafael Nadal habían jugado tres sets de alta intensidad y el público estaba agradecido. La victoria quedó del lado del argentino por 0-6, 6-0 y 6-1.
Nadal llegó a aquel encuentro de cuartos de final sin grandes logros en su carrera: solo podía presumir un título (en Sopot 2004, donde venció en la final a José Acasuso); representaba más el futuro del tenis que el presente. Pero él, internamente, sabía que no era como los demás, que tenía una facilidad para jugar en polvo de ladrillo que otros no. Quizás por eso, una vez consumada la derrota contra el “Gato”, el español se sentía ofuscado y con mucha bronca. “Rafa rompió todas sus raquetas en el vestuario, las siete. Pensé que estaba loco. No perdió con cualquiera. Yo jugaba bien en polvo y había ganado Roland Garros en 2004, pero él sintió la derrota como un fracaso, no lo podía soportar”, recordó Gaudio de aquel enfrentamiento de hace diez años. Este hecho que jamás volvería a ocurrir, fue el resultado de un choque gestado en el interior del propio Nadal: tenía el talento y la mentalidad para ganar títulos, aunque los resultados no lo acompañaban aún.
Pero el camino recorrido en el circuito hasta el día de hoy del mejor jugador en la historia del polvo de ladrillo es bien conocida. “Rafa” pudo combatir aquellos demonios que lo aquejaban y entender que el proceso madurativo de cualquier deportista profesional conlleva frustraciones y malos tragos. “Prácticamente, desde que perdí aquel partido con Gaudio empezaron mis éxitos como tenista, así que el recuerdo de ese torneo en Buenos Aires es inolvidable”, comentó el oriundo de Manacor en 2013.

El mal momento vivido en aquel vestuario había quedado atrás y Nadal supo salir fortalecido de esa situación. Una semana después de tomarse un vuelo que lo llevara de Argentina a Brasil, el español consiguió su primer título en tierra sudamericana, al ganar el torneo de Costa Do Sauipe con algunos enfrentamientos complicados. Tan solo siete días más tarde el manacorí continuaría con su racha de victorias pero, esta vez, en territorio mejicano: alzó el trofeo de Acapulco sin ceder ni un solo set.

Claro está que el actual número tres del mundo no es reconocido y admirado por haber conseguido simplemente dos títulos ATP en el continente americano. Cuatro meses después de romper en Buenos Aires la última raqueta que llevaba en su bolso, Rafael Nadal venció al argentino Mariano Puerta y se consagró campeón por primera vez en Roland Garros. Luego, por supuesto, vendrían ocho más, pero aquella copa de los Mosqueteros en 2005 fue, sin dudas, inolvidable para el español: derrotó en semifinales al suizo y, en ese entonces, número uno del mundo Roger Federer y comenzó a escribir su nombre en la lista de glorias del tenis.
¿Qué había cambiado en la cabeza de “Rafa” para pasar, en 120 días, de destrozar siete raquetas a levantar el trofeo más importante sobre polvo de ladrillo? Ese es un misterio que solo él y su tío Toni seguramente saben. Lo que sí se puede develar es que la gira latinoamericana de 2005 no fue una gira más para el ganador de 14 Grand Slams. Allí hubo un quiebre, un inicio. En este 2015, ¿aparecerá un nuevo Rafael Nadal en Sudamérica?
Por: Agustin Theodorou (@AgustinTheo)