Es muy probable que el serbio Srdjan Djokovic y su mujer, una croata de nombre Dijana, jamás hayan imaginado que al convertirse en padres por primera vez iban a traer al mundo a una de las mayores figuras del deporte mundial. El 22 de mayo de 1987, en Belgrado, nacía Novak, quien, años más tarde […]
Es muy probable que el serbio Srdjan Djokovic y su mujer, una croata de nombre Dijana, jamás hayan imaginado que al convertirse en padres por primera vez iban a traer al mundo a una de las mayores figuras del deporte mundial. El 22 de mayo de 1987, en Belgrado, nacía Novak, quien, años más tarde tendría dos hermanos. El 20 de agosto de 1991 iba a llegar Marko y el 17 de junio de 1995, Djordje.
Desde hace quince años, Srdjan y Dijana son los propietarios de una pizzería que está ubicada en las montañas de Serbia. Srdjan Djokovic, un tío y un primo de Novak, fueron esquiadores profesionales. Srdjan fue además un gran futbolista y quería que Novak fuese jugador de fútbol o esquiador. Sin embargo, el mayor de sus tres hijos se inclinó por el tenis.

El romance de Novak con la raqueta no tardó demasiado en llegar. Con sólo cuatro años de edad, empezó a practicar tenis en las canchas del Partizan Tennis Club de Belgrado. Dos años más tarde, en 1993, tuvo la suerte de conocer a Jelena Gencic, una formidable entrenadora nacida en Belgrado el 9 de octubre de 1936, y que en su momento había sido jugadora. Entre otros, Gencic había trabajado con la ex número 1 del mundo Mónica Seles y con Goran Ivanisevic, que llegó a ser número 2
Gencic, quien falleció el 1° de junio de 2013, siempre recordaba que cuando conoció a Novak y le preguntó qué le gustaría ser cuando fuese adulto, éste le respondió sin dudar un instante que su deseo era ser el número uno del mundo.

Más allá de haber empezado a practicar desde muy pequeño el deporte que tanto lo apasionaba, la infancia de Novak no fue nada sencilla. Vivía con su familia en su ciudad natal Belgrado, cuando aún ésta formaba parte de la antigua Yugoslavia. Y le tocó crecer en una metrópoli donde las bombas que eran arrojadas desde los aviones de combate conducidos por pilotos de las fuerzas de la OTAN eran una constante. El subsuelo de un edificio prácticamente en ruinas, era el lugar donde había que ir a refugiarse cada vez que se escuchaba el ruido aterrador de las sirenas. Y allí, esperar vaya a uno a saber cuánto tiempo para volver a salir.
Cuando tenía 12 años, Novak concurrió a la Academia de Niki Pilic, situada en Munich. Allí estuvo dos años. Luego, regresó a Belgrado y arrancó su carrera internacional. Ganó diversos torneos en Europa, tanto en singles como en dobles.
Además de lucirse dentro de las canchas, Novak también se destaca por hacerlo fuera de ellas. Forma parte del club de la Champions of peace, una entidad con sede en Mónaco que la integran deportistas famosos de elite y cuyo compromiso es servir a la paz mundial.

Nole no sólo habla serbio, su lengua natal. También lo hace en alemán, inglés e italiano. Está profundizando sus conocimientos de francés y manifestó su deseo de aprender español. Con un gran sentido del humor, este gran tenista se ha destacado en más de un oportunidad por las imitaciones que realiza de sus colegas. Tras su triunfo ante el español Carlos Moyá por los cuartos de final del Abierto de Estado Unidos en 2007, entretuvo a los espectadores imitando a Rafa Nadal y a María Sharapova. También es muy buena su imitación de John McEnroe y Guga Kuerten.
El 28 de abril de 2011, en Belgrado, el patriarca Ireneo I de Serbia le concede la Orden de San Sava de clase I, la más alta condecoración de la Iglesia ortodoxa serbia. Dicha orden le es otorgada porque demuestra su amor por la Iglesia y porque brinda asistencia a la población serbia, iglesias y monasterios de la Iglesia ortodoxa de Serbia de Kosovo y Metohija.

Jelena Ristic se convirtió en su esposa el 10 de julio de 2014. Se casaron en una ceremonia privada que se llevó a cabo en Montenegro. El 22 de octubre del mismo año nació Stefan, primer hijo de la pareja.
Novak Djokovic, un excelente tenista adentro de las canchas. Un gran ser humano fuera de los courts.
Por: Mariano A. Reverdito (@MAReverdito)