¿Huelga en Roland Garros? Sabalenka y Swiatek lideran la rebelión por premios más justos ante ingresos récord. Analizamos la interna económica que sacude al tenis.

El inicio de la era abierta en el tenis, allá por 1968, marcó el principio de la etapa profesional, donde no solo se competía por el título, sino que el ganador se llevaba un premio en efectivo. Por ejemplo, en Wimbledon de ese año, el campeón recibió la cantidad de £2.000. Era una suma considerable para la época, a tal punto que se podía adquirir una casa módica o un par de coches. Así fueron transcurriendo los años hasta que llegó 1973, una temporada clave, dado que en el Abierto de los Estados Unidos se marcó un hito: la primera vez que se reparte la misma cantidad a hombres y mujeres.
En la década de los 80 llegó la explosión comercial con la aparición de la TV a color y los patrocinadores. Dado que se venden los derechos a nivel internacional, ingresan cadenas fuera del Reino Unido. El valor por los derechos en la época rondaba entre los $350.000 y $400.000 anuales, pero el ganador de dicho torneo recibía $51.000; es decir, el 14%. Una relación que a día de hoy no ha cambiado mucho, a pesar de la globalización. La pregunta es por qué, a pesar de que en la actualidad se genera muchísimo más.
Al presente, por tomar una muestra, el valor por los derechos de TV en el US Open ronda entre los $50 y $70 millones al año; adicionalmente se suma el valor de tickets, merchandising y auspicios. Los ingresos totales estimados son de alrededor de $500 millones, de los cuales el 15% corresponde al premio de los jugadores ($70 millones). El resto se reparte de la siguiente manera: 20-30% infraestructura y mantenimiento, 15-20% operación del torneo, 10-15% producción televisiva y 10-15% marketing y branding.
Con Roland Garros en la mira, los reclamos por una repartición injusta por parte de los jugadores han sido constantes. De hecho, la última semana se pronunciaron Aryna Sabalenka e Iga Swiatek sobre un posible sabotaje como alternativa de cambio si no mejoran las condiciones. La bielorrusa fue muy tajante: “Nosotros ponemos el espectáculo. Sin nosotros no habría torneos, sin nosotros no habría entretenimiento. Creo que merecemos que nos paguen mejor”. Pese a que el US Open reparte cerca del 15%, Roland Garros divide cerca del 9,5% —aumentó esta edición— en premios para sus participantes. Ese valor ha parecido irrisorio respecto a los otros torneos. Las respuestas de los jugadores han sido que aspiran a que el aumento llegue al menos al 20%. Mientras tanto, la polaca estuvo un poco más cauta, dejando una ventana radical abierta al respecto al expresar: “Boicotear el torneo es una medida un tanto extrema”.
Coco Gauff y Jasmine Paolini, las finalistas de la edición anterior, siguieron con la idea extrema, afinando: “Si todos estamos de acuerdo, y creo que lo estamos —hombres y mujeres estamos unidos ahora mismo—, es algo que podríamos hacer”.