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El tenis argentino esta a punto de morirse

Tomas Bottero Tomas Bottero 4 min de lectura

Ahí está, el pobre, postrado en una cama, debilitado y con peligro de muerte. Respira cuando se acuerda y apenas se le oyen los latidos del corazón. Cada vez son menos los que se acuerdan de él o se interesan por su estado, mientras el monitor que lo acompaña dibuja una línea casi recta y […]

Ahí está, el pobre, postrado en una cama, debilitado y con peligro de muerte. Respira cuando se acuerda y apenas se le oyen los latidos del corazón. Cada vez son menos los que se acuerdan de él o se interesan por su estado, mientras el monitor que lo acompaña dibuja una línea casi recta y trata de despedir sus signos vitales. Es que la actualidad del tenis argentino se asemeja bastante a una vela que ha estado encendida toda la noche y pelea por no morirse en la oscuridad: ilumina y se desvanece, está a punto de convertirse en cera pegada a un platito de té.

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Foto: Getty

La idea de que el presente del “deporte blanco” en Argentina es, como mínimo, complicado, no proviene de un pensamiento meramente negativo o de un desvarío intelectual de quien escribe estas líneas. En realidad, es lo que reflejan los últimos resultados. Con un Juan Martín Del Potro que transcurre la mayor parte de su tiempo fuera de las canchas por diversas lesiones, el tenis argentino se encuentra acéfalo de referentes en lo más alto del ranking mundial y sin un guía que funcione como estímulo para los que vienen detrás. Ante la ausencia del tandilense en la actividad profesional, asomaron de gran manera dos jugadores que, sin dudas, fueron los mejores representantes “celeste y blancos” esta temporada: Diego Schwartzman y Leonardo Mayer. A pesar de la entrega y la actitud de estos dos argentinos, sus resultados siguen siendo de un alcance limitado, lo que genera una despopularización de este deporte: el público masivo, el que no sigue día a día el tenis nacional, no se entera de sus triunfos y no los reconoce como se merecerían.

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Foto: ATP BS AS.

La despopularización, proceso por el cual algo de alto alcance se va transformando en algo que llega a unos pocos, se hace notar en el tenis cuando algún torneo se presenta. Cada año que transcurre abre una nueva incógnita: ¿se podrá hacer el ATP 250 de Buenos Aires en febrero? El número de personas que recurren a los estadios ávidos de ver buen tenis va disminuyendo todas las temporadas. Esto tal vez se deba a que al certamen porteño, que se disputa en el Buenos Aires Lawn Tenis Club, acuden siempre los mismos jugadores, lo que genera, naturalmente, un incremento en el desinterés del público. A comienzos de este año se publicitaba la presencia de Rafael Nadal en el cuadro principal del atp argentino, lo que generó una venta increíble de entradas. Lo cierto es que el español no concurrió a la cita y la decepción de la gente fue aún mayor.

Si hablamos de un fenómeno (la despopularización) que está ocurriendo al revés de lo deseado, no podemos dejar de lado la poca cantidad de tenistas argentinos en el top 100 del ranking mundial. En él se encuentran Leonardo Mayer (28º), Federico Delbonis (60º), Diego Schwartzman (61º), Juan Mónaco (62º) y Carlos Berlocq (72º). Son solo cinco dentro de los cien mejores, y uno entre los primeros cincuenta.

Luego de la carta abierta de Tomás Buchass, donde denunciaba las “carencias del sistema ITF-AAT”, muchos de los vendajes que cubrían los ojos de los fanáticos del tenis se cayeron y la realidad quedó al alcance de la vista, así como también permitió que el periodismo vinculado al deporte blanco desarrolle un pensamiento crítico de lo que sucede en las bases de este deporte. Quedó demostrado que la situación se está tornando insostenible y que se entienden los motivos por los cuales el público se aleja de las raquetas.

A pesar de todo lo anteriormente mencionado, debemos pensar que el tenis argentino aún sigue respirando. Llena los pulmones de aire cuando un joven tenista aspirante a profesional se levanta temprano en la mañana para ir a entrenar, o cuando un padre destina parte de su sueldo para que su hijo juegue y se desarrolle en este deporte. Es por eso que nuestro tenis no está muerto. Solo tenemos que encontrarle la cura.

Por:  Agustin Theodorou. (@AgustinTheo)

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