El búlgaro, actual número 170 del mundo, cayó en un dramático partido ante Jaime Faria. Dos veces sirvió para ganar el encuentro, pero la victoria se le escapó de las manos.

Hay derrotas que calan hondo, de esas que marcan un antes y un después en la trayectoria de un deportista. Lo vivido hoy en la mítica cancha Suzanne Lenglen de París entra directamente en esa categoría. Grigor Dimitrov, hundido actualmente en el puesto 170 de la clasificación mundial, se vio obligado a disputar la fase previa de Roland Garros; un terreno competitivo que no pisaba en un Major desde el Abierto de Australia 2011, hace ya quince años.
La travesía en la qualy parisina fue sumamente efímera. En su debut absoluto en esta instancia sobre el polvo de ladrillo francés, el búlgaro cayó ante el joven portugués Jaime Faria (10° preclasificado de la fase previa) con parciales de 3-6, 7-5 y 7-6, sentenciando otra dolorosa frustración en lo que viene siendo una temporada durísima.
El partido se le escapó entre los dedos
Fiel al talento que lo llevó a ser el número 3 del planeta en su época dorada, Dimitrov comenzó el partido mostrando destellos de su jerarquía clásica y se adjudicó la primera manga por 6-3. Sin embargo, la consistencia física y la solidez mental volvieron a jugarle una mala pasada en los momentos decisivos.
El drama de la jornada radicó en las oportunidades desperdiciadas. El búlgaro de 35 años estuvo a tiro de llevarse el triunfo en ambos parciales definitivos: sirvió para partido estando 5-4 tanto en el segundo como en el tercer set. En las dos oportunidades, el empuje de Faria y los errores no forzados de Grigor terminaron nivelando la balanza, hasta desembocar en el tiebreak definitivo que decretó la eliminación del ex Top 10.
Un presente alarmante y aroma a despedida
Con esta dolorosa caída, Dimitrov acumula un registro alarmante de tan solo dos victorias frente a nueve derrotas en lo que va de este 2026. La estadística se vuelve aún más cruda si miramos el retrovisor: hace apenas dos temporadas, en la edición de 2024, el búlgaro alcanzaba los cuartos de final en la capital francesa. Hoy, el panorama es radicalmente opuesto.