¿Frustración o la verdad irrefutable que te devuelve un espejo? Casi en un abrir y cerrar de ojos pensé en estas dos situaciones hace unos días, cuando atónito como muchos otros, vi la sucesión de raquetas rotas de Grigor Dimitrov o unas horas más tarde la actitud infantil de Bernard Tomic intentando restar un servicio […]

¿Frustración o la verdad irrefutable que te devuelve un espejo? Casi en un abrir y cerrar de ojos pensé en estas dos situaciones hace unos días, cuando atónito como muchos otros, vi la sucesión de raquetas rotas de Grigor Dimitrov o unas horas más tarde la actitud infantil de Bernard Tomic intentando restar un servicio de Fabio Fognini con el mango de su raqueta.
Uno que ya es una persona con unos cuantos años encima pero muy consumidora de tenis sabe, o al menos, puede entender lo que pasaba por esas cabezas al momento de esos comportamientos tan reñidos con lo caballeresco del deporte blanco. La cuestión sería plantearse seriamente y de cara a los chicos que juegan al tenis y consumen deporte, que decir respecto a esto. ¿Nos quedamos en sólo una anécdota graciosa reñida con la esencia del deporte? ¿Abrimos los ojos y levantamos el dedo acusador sobre dos profesionales del tenis por semejante acto? ¿Nos quedamos con la risa momentánea de ver las imágenes de los hechos ? ¿O simplemente capturamos los hechos e intentamos dar una opinión seria y medida sobre lo ocurrido?.
Personalmente prefiero esto último y entonces les cuento mi parecer:

Los hechos son innegables, las imágenes hablan por sí solas: raquetas destrozadas y actitudes reprobables ante unos incrédulos espectadores de lujo como fueron los contrincantes de los acusados. Público que pagó una localidad para ver un match de tenis del circuito profesional de primer nivel y que no tiene interés en ver a personas desbordadas por la impotencia de una mala jornada. En todo este cóctel de elementos, va de suyo que no hay ninguna excusa que sirva para disculpar tamaña desconsideración para espectadores y por sobre todo para el deporte que les da de comer a estos personajes. Al fin y al cabo, Dimitrov o Tomic, ¿le cambiaron la vida a alguien? Claramente no son nobeles en Ciencias como para que merezcan alguna consideración especial. Son sólo dos personajes en la opereta del tenis mundial que han tenido la suerte de tener cierta habilidad en sus manos con una raqueta pero, y que quede bien claro, no se pueden arrogar el derecho de hacer cualquier cosa sólo por el hecho de tener una cuenta bancaria con algunos millones de dólares más que el común de los mortales como así lo sugirió Tomic en conferencia de prensa tras el partido con Fognini : “No me importó nada ese match point. ¿Te importaría a vos si fueras el 23º del mundo y ganaras más de 10 millones de dólares al año?”
La ATP tiene razones para preocuparse si los Tomic, Dimitrov, Kyrgios son la renovación del tenis. Ejemplos así expulsarán gente del tenis y socavarán las bases de un deporte genuinamente atractivo, bases que han sabido construir jugadores con otra integridad que los han antecedido. Imaginamos a un Rafael Nadal, a un Novak Djokovic, o a un Roger Federer cayendo en estas actitudes. Seguramente no y es por eso que desde estas líneas adhiero a sentirme preocupado por el futuro del tenis.
¿Pensando en “Lo que el espejo devuelve”, no será tiempo de que en el tenis haya más espejos rodeando a las nuevas generaciones? Espejos que devuelvan la imagen de sólo un simple jugador de tenis y espejos que devuelvan un poco de vergüenza a esas caras nuevas. Por sobre todo, un gran espejo que los refleje de cara a la pobreza que los habita cuando asumen actitudes tan perjudiciales para el deporte que les permite, como dijo Tomic, “ganar más de 10 millones de dólares al año”. Vienen a mi mente, las palabras de algún astro del deporte sumamente complejo como estos, y en este caso también se podría decir: Salvemos al tenis. “La pelota no se mancha”
Por: Carlos Moron