El tenista argentino revela su batalla mental y el camino hacia su primera victoria en un Masters 1000.

Thiago Tirante viene viviendo un marzo de 2025 que jamás olvidará. No solo logró su primer título Challenger en Argentina y su primera victoria en un Masters 1000, un sueño para cualquier tenista, sino que también demostró una fortaleza mental que pocos conocen. Detrás de su sonrisa y su juego sólido, se escondía una lucha interna que lo llevó a cuestionar su carrera.
«Hubo momentos en los que pensé seriamente en dejar el tenis», confesó Tirante. «Los sacrificios son enormes, y cuando los resultados no acompañan, la duda te invade. Me preguntaba si todo el esfuerzo valía la pena».
La presión, la soledad y la exigencia del tenis de alto nivel habían hecho mella en el joven argentino. Pero en lugar de rendirse, Tirante buscó ayuda profesional. «Mi psicólogo fue clave en este proceso», reconoció. «Me ayudó a cambiar mi perspectiva, a enfocarme en lo positivo y a manejar la presión».
El triunfo en el Challenger de Rosario fue un bálsamo para su alma, una inyección de confianza que lo impulsó a dar lo mejor de sí en Miami. Pero más allá de los resultados, Tirante destaca el cambio en su actitud. «Aprendí a controlarme, a respirar profundo entre punto y punto, a no dejarme llevar por la ansiedad», explicó. «Entendí que el tenis es una maratón, no una carrera de velocidad».
En la segunda ronda de Miami, deberá medirse ante el canadiense Denis Shapovalov (28 del ranking ATP): “Será un rival duro. Viene encontrando de a poco su nivel nuevamente, pero todos sabemos que con el tenis que tiene, tranquilamente puede volver a meterse en el Top 10. Tengo que estar muy rápido de piernas para no regalarle nada, y estar atento para que en los momentos en los que se equivoque, aprovecharlo al máximo”.
Su victoria en el Masters 1000 de Miami es un testimonio de su talento, pero también de su capacidad de superación. Tirante demostró que la fortaleza mental es tan importante como el talento físico, y que incluso en los momentos más oscuros, siempre hay una luz al final del túnel.