Nos despertamos más temprano que de costumbre (en realidad Abel, yo jamás duermo mas de 5 horas) y decidimos salir hacia Kabira para asearnos antes de ir a East Kololo. Aparte con suerte, Abel podrá colgar el video del día anterior en YouTube y programarlo para que se vea por la tarde en hora española. […]
Nos despertamos más temprano que de costumbre (en realidad Abel, yo jamás duermo mas de 5 horas) y decidimos salir hacia Kabira para asearnos antes de ir a East Kololo. Aparte con suerte, Abel podrá colgar el video del día anterior en YouTube y programarlo para que se vea por la tarde en hora española.

Llegamos a Kabira y desayunamos por primera vez como no habíamos hecho hasta ahora. Nada del otro mundo pero café y magdalenas son mejores que por ejemplo dos galletas y una Sprite comprada en una gasolinera mientras vamos a trabajar, tal como había hecho la mañana anterior.
Emprendemos el último viaje a Kololo. El campo de fútbol hoy está vacío porque el equipo tiene partido en otra ciudad. Con los chicos de este colegio no habíamos llegado a tener las mismas sensaciones que con los otros dos, pero de todas maneras al verlos acercarse, ver sus sonrisas, el cariño aflora. De pronto vemos que van bajando muchos más de los que habíamos tenido el martes. En total son más de 70. Y solo hay hechas dos pistas. En cuanto a espacio se podrían montar muchas más pero no hay redes suficientes y por el ritmo de esta gente y los medios que tienen para marcar las pistas, un mayor número de estas les llevaría más de 2 horas diarias de montaje.
Mientras Abel y Julius se encargan de que el grupo más numeroso trabaje en tercetos, yo me quedo con Vincent explicándole en una pista como se lleva a la práctica el formato de equipos que les había enseñado la noche anterior. Una cosa es decirlo sobre un papel pero es mejor llevarlo a la práctica. El sistema le gusta y así sentamos las bases para lo que será una Liga entre ambos colegios. Puedo sonar repetitivo y en realidad no me va a molestar que alguien me lo diga, pero Vincent y yo estamos con un grupo de 8 chicos haciendo las prácticas de los partidos de individuales y dobles y mientras tanto Abel y Julius siguen con más de 60, todos ordenados, cada uno haciendo su rutina, nadie con cara de fastidio y ni la menor intención de parar.
Es la perfección, dar una consigna y que se cumpla sin vueltas. Constantemente se lo hago saber a los entrenadores de Jouvin. Que una situación similar pero con los alumnos con los que trabajamos a diario, estaríamos permanentemente llamando la atención a los que se distraen, a los que no estan haciendo su tarea correctamente, a los que hablan y no trabajan, etc. Sí, soy muy crítico de la sociedad que vivimos y como educamos a nuestros hijos, pero desde antes de este viaje.

Vincent hace un alto y habla con nosotros. Quiere algo para llevar a los nenes de Shimoni y que lo firmen. Yo solo tengo la gorra pero es muy pequeña para eso. Entonces Abel le da una camiseta suya. A los minutos, Vince vuelve con la camiseta firmada y nos dice que los chicos de Shimoni bajarán a hacerse una foto conjunta de ambos colegios con nosotros. Abel y yo nos miramos. Sabemos que es una hermosa manera de volver a ver a estos chiquitos una vez más, pero si ayer nos había costado despedirnos hoy quizás se repetirán las sensaciones. Los chicos comienzan a venir y los de Kololo van terminando su clase. Mientras programamos la gran foto (serán más de 110 niños en total) en una de las pistas, los chicos de Shimoni se van acercando y nos saludan con palmadas y abrazos. Están alegres y nos ven emocionados. Para nosotros no deja de ser un regalo extra, poder despedirlos otra vez, recibir su cariño y decir Adiós nuevamente a nuestros niños favoritos, porque si bien todos se comportaron de manera magnífica con nosotros, algunos tenían una conexión especial. Abel quiere ver a Judith y Carol y yo volver a ver a Siyama.
Al no tener tenis este día, están todos vestidos con el uniforme del colegio. Las nenas visten una falda, camisa blanca y corbata. Están preciosas. En medio de todos los preparativos para la foto (que tal como pasa con el armado de las pistas, es muy lento) tengo la posibilidad de hacerme fotos con mi adorada Siyama, no deja de sonreirme y abrazarme y yo no puedo dejarla ir. Tomo fuerzas y le digo nuevamente que se cuide mucho y con mi voz al borde de quebrarse le digo: I love you! No hizo falta que me contestara. Su sonrisa ya lo decía todo. Hacemos la gran foto y de ahí en más nos vamos despidiendo poco a poco de todos los chicos. Nos preguntan si volveremos y prometemos intentarlo. Abel y yo sabemos que es difícil , que tenemos otros planes para el futuro, pero que esta cuidad y en especial este grupo de niños, nos han marcado. Habrá que volver.
Ya se han ido todos los chicos y sin embargo nos cuesta más de 20′ salir de allí. No queremos marchar. Finalmente nos vamos y emprendemos viaje a casa. Hacemos una parada en el Hotel Kabira para reponer energías, comer algo y conectarnos a Internet. Los mensajes son abrumadores y no terminamos de creerlo. Nuestros compañeros se van a atender asuntos privados y nos quedamos solos a la espera de ir a Ntinda por última vez.Sin mencionarlo sabemos que eso se nos va a hacer un calvario pero de ninguna manera lo queremos dejar de hacer
Se hace la hora y comenzamos a caminar. Yo tengo en mente escribir algo en el comedor de la Escuela de Ntinda que tiene una gran pizarra. Ese comedor está justo al lado de nuestra pequeña pista de tenis donde trabajamos con ellos. Al llegar vemos que los chicos han preparado la red pero se están aseando. Se rien de nosotros porque llegamos siempre por la tarde allí y nuestra ropa esta sucia. La que nosotros les regalamos el primer día la usan siempre pero la lavan tras cada clase de tenis. Y siempre están impecables. Para mi decepción veo que en el comedor hay una reunión de maestros y hay 3 mujeres rubias que no habíamos visto allí antes. Entiendo que es como un curso de capacitación porque están usando un proyector sobre la pizarra donde yo quiero escribir.
Comenzamos la clase. Iván, el maestro asistente hoy a vuelto y nos comenta que ayer no vino porque su mujer dió a luz a su primer hijo. Planteámos la clase solo con juegos hoy. Queremos que la despedida sea divertida. Los chicos no paran de reir, festejar nuestras bromas y los minutos pasan demasiado rápido. El hermanito de Leticia sigue por el medio y ya es parte del grupo. Me acerco al padre y le digo que le enviaré las fotos que tengo de su hija por email y que cada tanto me gustaría preguntarle como se encuentra ella, a lo cual el padre me dice que lo hará con gusto. «Su hija tiene mucho amor en los ojos» alcanzo a decirle, pero intento unirme al grupo porque si sigo hablándo con él me empiezan a caer las lágrimas. Vamos terminando la clase y el comedor sigue ocupado. Los chicos nos comienzan a hacer gestos y nos preguntan si hoy nos volvemos a casa. Les decimos que si y todos nos hacen el mismo gesto de tristeza. Leticia se acerca y con un palo escribe en la tierra: You Worry? Quiere saber si me importa irme a lo cual le indico por señas que si y que voy a llorar.

Es magnífico ver como estamos acostumbrados a una determinada manera de comunicación, un día viajas a otro país y te enfrentas a chicos sordos y sin embargo la conexión es total. Cuando hay cariño de ambas partes no hay barreras. Se acaba la clase. Nos hacemos fotos con los chicos. Vince nos entrega delante de ellos unos diplomas que mandaron imprimir como agradecimiento por nuestro trabajo allí. Julius busca una camiseta y se la da a firmar a los chicos y esta vez me toca a mi tenerla como imborrable recuerdo. Hablo con Iván y le comento que quiero escribir un mensaje en la pizarra pero que allí no se puede ahora, quiero saber si hay otra opción. Me lleva hasta la secretaría, me da un rotulador y una cartulina y me dice: «Escríbelo aquí y luego lo pondremos en la cartelera».Mi mensaje ( en inglés) es este: «A nuestros chicos y chicas de Ntinda: Son la más hermosa experiencia que jamás hemos tenido. Tienen los corazones llenos de amor. Crezcan como buenas personas y VIVIRÁN PARA SIEMPRE». Coach Abel, Coach Martin
Necesitaba dejar algo así.
Muchos abrazos más, fotos, dulce despedida de Leticia y las otras chicas, los chicos no paran de abrazarnos y hacernos las últimas bromas. El nudo en la garganta está ya instalado ahí pero ambos lo manejamos con más entereza esta vez. Me despido hasta del chico de la entrada con un gran abrazo y la promesa de volver. «Adios!» me dice sonriendo.
Salimos de Ntinda y vamos hacia casa. Hay que ir a buscar la ropa y tenemos que ir al Hotel a ducharnos para salir al aeropuerto. El vuelo sale a las 00’40, pensamos en estar allí a las 22 mas o menos, sin embargo nos dicen que nos vendrán a buscar a las 20. Eran 45′ de viaje hasta Entebbe pero entendemos que hay que respetar sus tiempos, aparte sabemos que quien nos lleve, quizás tenga otras cosas que hacer. Llegamos a casa, preparamos todo, dejamos a Julius la ropa y mochilas que ya no utilizaremos y nos vamos al Hotel. Despedida del barrio de Bukoto.
Ducha y últimas conexiones para ver mensajes. Danni viene a despedirnos y nos trae a cada uno una camiseta suya de la Selección de Uganda de Cricket y me da también el sombrero con el que juega.
Salimos de allí a las 20 y hasta la mujer de seguridad de la entrada nos despide y desea buen viaje. Parece que en este país no hay ni una persona capaz de tratarnos mal o indiferente. Una vez en la furgoneta nos damos cuenta porqué salimos una hora antes de lo necesario. El tráfico es un caos mayor al habitual. Es de noche, la gente sale de trabajar y el atasco es monumental. Nos dicen que lo normal es tardar hasta dos horas para salir de la ciudad. Son unos 10km hasta llegar a la carretera que nos lleva a Entebbe pero la cantidad de coches, furgonetas y sobre todo motos, las Boda-Boda nos dejan con la boca abierta y la preocupación por llegar o no a tiempo. Pasan 45′ y no hemos dejado Kampala aun. Pero nos vamos moviendo.
Son tan extraordinarias las imágenes que vemos que nos distraen de mirar el reloj. Finalmente dejamos el pesado tráfico de la ciudad y subimos la velocidad. Volvemos a las sensaciones de nuestro arribo. Ir por una carretera sin luces, con gente que se cruza en cualquier momento, motos que pasan por ambos lados y coches que vienen de frente por nuestro mismo carril y que nos esquivan por solo centímetros.
Ya acercándonos al aeropuerto, pasamos por el Lago Victoria que lamentablemente no pudimos ver de día y siento algo que me va acompañar durante todo el viaje de vuelta a casa. No tengo ganas de irme y me aprieta una profunda angustia. Solo pienso en volver para ver a mis hijos pero no tengo la más mínima voluntad de irme de Uganda. Demasiado cariño recibido en tan pocos dias han marcado mi corazón y realmente no quiero marchar. Despedida con agradecimientos mutuos con Vince y Julius. Nos han abierto las puertas de sus casas, sus vidas, sus colegios y sobre todo nos han tratado como hermanos.
Nos agradecen que dos locos hayan viajado de España a traer material, a trabajar junto a ellos, a compartir caminatas y vivencias junto a los nenes y todo sin cobrar una moneda. Se acabó nuestra aventura.
TennisAid nació casual y espontáneamente y marcó nuestras vidas a fuego.
Larga vida a TennisAid.

Por: Martin Rocca Coco (@10martinrocca)
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