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US Open

La inexorable leyenda vs el futuro: un choque generacional en la final femenina del US Open

Este sábado, la estadounidense, buscará su 24° gran título y conseguir el record ante la joven canadiense, que disputará su primer final de un torneo de esta categoría. La particularidad es la diferencia de edad de 18 años entre ambas

Foto: US OPEN

Las luces del estadio Arthur Ashe en Flushing Meadows, Queens, se van apagando y quedan cada vez más tenues, a medida que avanza el Abierto de los Estados Unidos. Y se da en contraste con los grandes destellos, rascacielos que parecen no tener fin y la algarabía desmedida con la que convive todos los días y noches la isla de Manhattan, La Gran Manzana, o en este caso, el calificativo que le queda mejor “la ciudad que nunca duerme”. Nueva York es todo eso.  El vestuario de jugadores se va vaciando a medida que pasan las rondas, pero ella nunca se quiere perder el final del show. Serena Williams ya es una leyenda de las más grandes de la historia del deporte blanco, sin distinguir géneros, y a sus casi 38 años, parece no estar dispuesta a dejar de reescribir la historia. La frutilla del postre podría darse si se corona en un nuevo título de grand slam, y así alcanzaría a la australiana Margaret Court como las más ganadoras de majors. Pero hay una joven promesa que quiere impedir el hito.

Corría el año 2000 y el mundo era bien distinto. No había ocurrido todavía el atentado que sacudió a Nueva York y sus cinco condados, el más grande en la historia contra los Estados Unidos. Las torres gemelas aún no habían sido derribadas por un avión del grupo terrorista Al-Qaeda, ni tampoco existían los celulares tal como hoy se conocen, ni las redes sociales. En Mississauga, una ciudad de 700 mil habitantes situada al oeste de Toronto, Canadá, nacía un 16 de Junio en el año de cambio de milenio, Bianca Andreescu. Hija de un ingeniero y una economista rumanos que emigraron a Norteamérica, se educó con sus dos abuelas, obteniendo gran fluidez para el idioma. Por esos tiempos, el circuito WTA veía crecer de manera meteórica a una joven promesa estadounidense, quién para el año anterior y con solo 17 años ya había obtenido cinco títulos en el circuito y ya se había colado entre las 20 primeras del ranking. Para el 2000 ya había alcanzado semifinales en Wimbledon y ganado la medalla de oro en dobles junto a su hermana Venus, de los Juegos Olímpicos de Sídney. Y es que esta gran brecha temporal que separa a ambas es la que hace el choque tan atractivo. Andreescu ya tiene pasta para campeona y será quién este del otro lado de la red del mítico Arthur Ashe.

La canadiense de 19 años ya está colocada en la posición 22 del escalafón mundial y quiere dar el zarpazo para frustrar el festejo de la menor de las Williams. Su edad no concuerda con su temple en los momentos clave de los partidos, porque combina habilidad, madurez y potencia. Su brillantez en estado puro y sus explosivas características la catapultarán a posicionarse, pase lo que pase en el partido definitorio, dentro del top 10 de la WTA. Conquistó Montreal recientemente, donde justamente superó a Serena Williams en la final, luego de que la estadounidense se retirara estando 1-3 abajo en el primer parcial. Es este hasta ahora el único antecedente entre ambas. También se impuso esta temporada en Indian Wells, torneo en que superó en el partido decisivo a la alemana, Angelique Kerber.

Dos jugadoras que hacen de la potencia su mejor arma y buscan el palo por palo en todos sus encuentros, porque sacan grandes provechos de ello. Andreescu llega a su primer final de grand slam, luego de haber alcanzado, como máximo, segunda ronda de Australia y Roland Garros, ambas este año. En el césped británico de la Catedral no pudo superar la presentación en 2017, luego no volvió a participar del certamen. Williams, por su parte, cuenta en singles con 23 títulos en majors, habiendo ganado los cuatro, al menos tres veces. Además, busca alcanzar el record de Margaret Court, pero con la particularidad de que sería la primera en hacerlo en el profesionalismo. La canadiense podría ser uno de los relevos de la gran Serena, en un circuito femenino que es tan irregular como sorpresivo, mayormente en los grandes torneos, pero donde siempre, la menor de las Williams dice presente y lleva el deporte a otro nivel. Será un choque generacional, que para la canadiense puede ser una oportunidad de oro para empezar a escribir otra leyenda. La vara está muy alta.

 

 

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