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El antes y después de Wawrinka se llama Magnus Norman

Foto: AFP

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El suizo terminó de consolidar su juego a partir de que contrató al ex jugador sueco como entrenador, hace más de tres años.

El talento muchas veces necesita orden. La calidad y la jerarquía precisan de una cabeza fuerte, de una mentalidad ganadora. El suizo Stanislas Wawrinka siempre contó con las virtudes que cualquier tenista top necesita, pero su temperamento nunca lo dejaba terminar de explotar.

Corría abril de 2013. Wawrinka ya era un jugador consolidado entre los primeros 20 del ranking, pero siempre daba la sensación de que no terminaba de despegar. Tan solo había cosechado tres títulos (ATP 250), una medalla de oro en dobles con Roger Federer (Beijing 2008) y un fugaz paso por el puesto 10 del ranking ese mismo año. Sin embargo, lo mejor estaba por venir.

Wawrinka decidió cortar su relación con el sueco Peter Lundgren y apostó por su compatriota Magnus Norman, que estaba libre. La química se notó enseguida. “Estoy muy ansioso por trabajar con Magnus. Vamos a explorar nuestra relación por un tiempo indeterminado, pero no tengo dudas de que será una etapa fructífera y de mucho aprendizaje”

Las palabras de Stan se vieron reflejadas desde la primera semana de trabajo juntos, cuando el suizo ganó el ATP 250 de Portugal, derrotando a David Ferrer en la final. De ahí en adelante, Wawrinka no pararía de mejorar y comenzaría a romper todos los esquemas.

Terminó el 2013 alcanzando sus primeras semifinales de Grand Slam en el Us Open, cayendo en cinco sets con Djokovic. También jugó su primer torneo de Maestros en Londres, donde también llegó a semifinales y perdió ante el serbio. El año siguiente sería el del despegue absoluto.

Foto: Australian Open

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Con el título en Chennai a principio de 2014 bajo el brazo, Wawrinka llegó entonado y ganó su primer Grand Slam en Australia, dejando en el camino a Djokovic en cuartos y a Nadal en la final. Con su triunfo, alcanzó la mejor posición de su carrera, el tercer lugar del ranking. El otro impacto lo dio en Montecarlo, donde superó a su compatriota Roger Federer en la final para levantar su primer Masters 1000. Para finalizar el año de la mejor manera, conquistó la Copa Davis de la mano de Federer por primera vez en la historia de su país.

Foto: Getty

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La relación con Norman estaba mejor que nunca. Por eso 2015 fue más fructífero todavía. Otra vez se consagraría en Chennai a principio de año y también ganaría el ATP 500 de Rotterdam. Después bajaría su nivel hasta Roland Garros, donde nuevamente daría la sorpresa. Después de vencer a Federer y a Tsonga, el suizo se vería las caras con Djokovic, que buscaba el grand Slam que le faltaba a su vitrina. Poco quiso saber de eso Stan, que jugó en un nivel altísimo y conquistó París. El talentoso al fin había podido dominar su inestable temperamento.

El gran cambio de Wawrinka fue mental. Norman fue fundamental para que el suizo hallara la tranquilidad necesaria en los momentos claves. Por eso Stan se señala la cabeza con el dedo cada vez que gana un punto importante. Por eso festeja apretando el puño y mirando fijamente a su entrenador. El talento siempre lo tuvo, faltaba el orden y Norman se lo dio.

El 2016 no viene siendo tan positivo como el año pasado. Pero eso se debe a que Wawrinka puso la vara demasiado alta. Con título en Chennai (cuarto de su carrera), Ginebra y Dubai, además de las semifinales en Roland Garros, el suizo alcanzó su mejor nivel del año recién en este Us Open.

Foto: Internet

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El rival en la final fue, otra vez, Novak Djokovic, como en Roland Garros. Stan ya encontró la fórmula para superar al serbio, después de tantas batalla perdidas en el pasado. Hoy lo hizo en todos los aspectos del juego. Hay un detalle clave. Desde que está con Norman, Wawrinka solo perdió dos de las catorce finales que disputó, incluida la de este Us Open. Y ambas fueron en 2013, cuando recién empezaban a conocerse. Stan cambió. Ya había conquistado Melbourne y París. Ahora también es el rey de Nueva York.

Por Ignacio Sánchez (@NachoSanchez100)

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