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Australian Open

Djokovic fulmina a Medvedev para ganar su noveno Open de Australia

El número 1 impuso su ley en la Rod Laver Arena para alzar su 18º título de Grand Slam.

Foto: Imago

Novak Djokovic se proclamó por novena vez, más que nadie en la historia, campeón del Open de Australia tras derrotar a Daniil Medvedev por 7-5, 6-2 y 6-2 en 1 hora y 53 minutos de juego.

El número 1, que fue de menos a más durante el torneo, donde tuvo que sobreponerse a molestias abdominales que le tuvieron en duda en algunos partidos, terminó el torneo a lo grande, con una victoria impresionante ante el ruso, que encadenaba 20 triunfos seguidos antes de jugar la final.

El serbio, inmaculado en las finales en la Rod Laver Arena (8 títulos en 8 finales antes de esta final) comenzó haciendo valer su experiencia. Arrancó enchufado, sin fallar ninguna bola y distribuyendo el juego, manteniendo al ruso en movimiento constantemente y buscando su derecha, no del todo calibrada en los primeros compases.

El número 1 arrancó con un 3-0 imponente, sembrando las primeras dudas en la cabeza de Medvedev, al que se le veía demasiado tenso en sus golpes. Sin embargo, un par de errores no forzados del vigente campeón dieron aire a Daniil, que se agarró a la pista y empezó a devolver todo lo que le tiraba el serbio. El ruso recuperó e igualó la final. A partir de entonces, el encuentro discurrió a ritmo de saques, con peloteos largos y cruzados donde era más fácil esperar al error que encontrar un golpe ganador en un duelo entre dos de los mejores contragolpeadores del mundo.

En las instancias finales del set, Djokovic hizo lo que siempre suele hace en estas grandes citas: ganar los juegos clave. Aquellos juegos en los que se decide la suerte de un parcial por un margen muy estrecho que separa la victoria de la derrota. Nole quebró a Daniil y dirigió una mirada desafiante a su palco, como queriendo decir que esta final no la iba a dejar escapar.

A Medvedev le tocaba remar. El ruso, que no sabe lo que es peder un partido desde octubre de 2020, se sobrepuso firmando un break de inicio, pero de nuevo, Djokovic le negó la ventaja y no solo eso, también se decidió a agrandar la herida de su rival escapando en el marcador con otra rotura. El serbio había cambiado la estrategia. Optó por restar largo y profundo al medio, cediendo la presión y la iniciativa a Medvedev, que no se sintió nada cómodo en ese papel y cometió más errores de la cuenta.

Djokovic pisó el acelerador, presionando muchísimo sobre el servicio de Medvedev que se mostró desesperado, estampando su raqueta (y con ella su fe); contra el suelo de Melbourne. 6-2 para el ocho veces campeón, que construyó un muro muy difícil de sortear para el número 4 del mundo, que nunca ha remontado un partido después de ir dos sets abajo.

El ruso necesitaba buenas noticias para recuperar la confianza y meterse de nuevo en el encuentro antes de que fuera tarde. Se procuró dos bolas de break, pero el serbio no estaba dispuesto a darle ninguna oportunidad a su rival. Mantuvo su servicio y el resto vino solo. Daniil, completamente enojado, empezó a precipitarse y a buscar golpes ganadores desesperados que se tradujeron en errores. Con 4-2 abajo en el tercero, Medvedev dio muestras de querer pelear el partido, pero Nole se mostró de nuevo implacable, señalando su cabeza, esa que marca la diferencia entre los grandes jugadores y los que son leyenda.

Djokovic puso el broche al partido con un remate increíble, tumbándose sobre la pista de la Rod Laver Arena, aquella que le vio reinar por primera vez en un gran torneo en 2008 y que hoy se ha convertido en el bastión inexpugnable del serbio, que firma su 18º Grand Slam, a tan solo dos de Roger Federer y Rafael Nadal.

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