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Curiosidades

¿El Australian Open es el mejor Grand Slam?

Las innovaciones que implementa, las infraestructuras que presenta y los premios que otorga, ¿Hacen al Abierto de Australia el mejor Major?

FOTO: Getty

Innovaciones tecnológicas y ganas de seguir creciendo. Esas son las dos características principales que año tras año describen a la perfección la actitud que los organizadores del Australian Open tratan de implementar en la primera gran cita del circuito tenístico. Una postura que rompe con los esquemas de un deporte ligado muy significativamente con lo tradicional y que, para muchos seguidores, lo transforman en el mejor Grand Slam del mundo.

Desde 1988 lo único que hace el Abierto de Australia es aumentar el prestigio del espectáculo que otorga. En ese año, el certamen se mudó a su actual recinto, Melbourne Park, y modificó la superficie que ostentaba: paso de césped a dura, más precisamente a Rebound Ace, un suelo sintético de origen australiano que aún se encuentra vigente en el torneo. Además, se adjudicó con una reconocida calidad gracias a la inauguración de la pista central del complejo, la “Rod Laver Arena”, que se nombró así en reconocimiento al australiano Rod Laver, ganador de 12 Grand Slams. Dicho escenario se convirtió en la primera cancha, dentro de los cuatro “majors”, con techo retráctil y en la actualidad alberga una capacidad de 15.000 mil espectadores. Estos fueron los primeros pasos que el evento realizó para posicionarse como el pionero de las innovaciones en las instalaciones tenísticas.

Con el pasar de los años, el perfeccionamiento del establecimiento continuó creciendo. Posteriormente, dos canchas más fueron construidas con techos retráctiles. La primera fue la “Hisense Arena”, que se estrenó en el 2000 y que cuenta con un aforo para 10.000 personas. La siguiente fue la “Margaret Court Arena”, nombrada así en honor a la ex tenista local Margaret Court, quien se coronó 11 veces en el Australian Open. Ésta se había abierto en 1988 y tenía una amplitud para 6.000 mil espectadores, pero sufrió remodelaciones en 2015. Su capacidad pasó a ser para 7.500, y se destaca porque el techo se abre y se cierra en sólo cinco minutos, lo que le provee la distinción de ser el más rápido del mundo en su función. Esto generó que los demás Grand Slams quedaran relegados, a causa de que Wimbledon únicamente cuenta con dos canchas con techos retráctiles, el US Open con una y Roland Garros con ninguna.

En la edición 2018, como era de esperarse, las novedades tecnológicas volvieron a aparecer en escena. En esta oportunidad, quienes se verán beneficiados serán los jueces de silla. Ninguno de ellos deberá utilizar las escaleras para subir a su asiento a la hora de arbitrar un partido en las pistas principales (Rod Laver Arena, Margaret Court Arena y Hisense Arena), sino que tendrán una silla mecánica que subirá por si sola.

Por otra parte, los premios económicos que los jugadores percibirán por participar del torneo aumentarán un 10% en cuanto al año pasado. En 2017, el total que se distribuyó fue de 39,4 millones de dólares (2,9 millones para los que triunfaron en singles masculinos y femeninos), pero ahora se repartirán 43,3 millones (3,1 millones para el vencedor en singles masculinos y femeninos). De esta manera, se ubicará detrás de los 3,7 millones que el último Abierto de los Estados Unidos le otorgó a cada campeón y se transformará en el segundo Grand Slam que más dinero repartirá, superando los 2,4 y 2,9 millones que dispusieron a sus coronados Roland Garros y Wimbledon, respectivamente, la temporada pasada. De igual manera, cada atleta recibirá una determinada cantidad de dinero extra en modo de viático, cabe destacar que es el único torneo grande que hace esto. Asimismo, los tenistas disfrutarán de mejorías en la sección donde almuerzan. Tendrán nuevos comedores y servicios para que puedan prepararse de cara a cada encuentro.

Otra originalidad del certamen para este año es la colocación de cámaras en mitad de las redes de las pistas principales para que los televidentes de todo el mundo puedan apreciar “desde adentro” la actividad de los jugadores.

Con el objetivo de superar el récord de asistencia (728.7639) que se logró en 2017, Craig Tiley, director del Australian Open, fomentó mejoras en numerosas áreas para que ofrezcan una excelente atención al público que concurra a Melbourne Park. El torneo durará del 15 al 28 de enero, durante todos los días de esas dos semanas, habrán distintas bandas de música que brindarán conciertos en el AO Live Stage (escenario en vivo) del reciento. Además, los niños de las familias gozarán de una zona especial. A causa de que los directivos del evento han firmado un convenio con la empresa de dibujos animados Disney, distintos personajes de esta franquicia, como Star Wars, Marvel y sus princesas, estarán presentes en el “AO Ball Park” (parque de pelota), donde también habrá sectores de juegos Nerf y Lego.

La gastronomía será otro espacio que se verá afectado por las renovaciones. Se incluirán diversos restaurantes con temáticas internacionales para que las personas puedan degustarlas. Se podrán encontrar comidas mexicanas, canadienses, griegas, asiáticas, australianas y demá.

La singularidad inesperada de este año, y la que definitivamente distingue a este “major” por encima de sus competidores, es que en la jornada que dará inicio al certamen, también saldrá a la venta, en primera instancia para Australia y Nueva Zelanda, el juego oficial del Australian Open, el AO Tennis. Será el primer simulador propio de un Grand Slam. Está desarrollado por la empresa Big Ant Studios, en colaboración con Tennis Australia, que regula el tenis nacional y está dirigido por Tiley. La figura principal del juego es Rafael Nadal, número uno del ranking ATP, y tendrá la licencia total de todos los estadios del evento australiano.

Estos son los argumentos que muchos seguidores del mundo de la raqueta manifiestan para sostener que el Abierto de Australia es el mejor Grand Slam del mundo. ¿Estás de acuerdo con ellos?

Redactor de Todo Sobre Tenis. 19 años. Estudiante de periodismo deportivo en Deportea y de Comunicación Social en la UBA. Buenos Aires, Argentina.

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